La verdad ¿absoluta o múltiple?

La discusión del tema con el cual abrimos la página de ARTISTAS CUBANOS UNIDOS en Facebook, entre Román Rodríguez y Juan Carlos Suárez,  ha puesto de manifiesto claramente, al menos para mi, que la verdad  no es una categoría absoluta.

Ninguna persona que se haya leídos los textos (en ocasiones demasiado largos) del foro “La Cultura y la Nación” puede poner en duda la pasión, ni la sinceridad con la que cada uno de los participantes expusieron sus puntos de vista sobre los sucesos que estaban analizando.

Pero, ¿podemos calificar como verdad todo aquello que exponemos con “pasión” o con “sinceridad”?

Quiero dejarlos pensando en una respuesta para esa pregunta.

Román hace afirmaciones que son ciertas y otras, a las que Suárez se refiere, que no lo son tanto. Al menos, no del todo. Y quiero explicarme con una pregunta del primero “¿era el asesor de la televisión en los años setenta un censor puesto por el gobierno para limitar al creador o un analista literario de estilo que colaboraba con el escritor?”

Yo no tengo una respuesta absoluta para esa pregunta. Pero sí tengo mi respuesta. Había mucho de las dos cosas en la mayoría de los asesores de la época. Eso dependía -como casi todo en la vida- de quién fuera la persona en el cargo.

Jorge Serguera Riverí (Papito, para sus amigos y el fiscal que más personas llevó al paredón de fusilamiento en los primeros años de la llamada revolución, para todos) fue nombrado a la Presidencia del ICRT y entre sus primeras medidas estuvo la de escoger un grupo de recién graduados universitarios y nombrarlos Asesores de Programa -tanto en Radio como en Televisión- con el objetivo primordial de “cuidar muy especialmente los contenidos que saldrían al aire” por los medios.

Pero algunos pocos de esos asesores se sentían más artistas que militantes  y, además, algunos no eran militantes en absoluto. Yo no puedo explicar cómo llegaron allí, pero sé que fue así.

Así, que la única respuesta sincera que yo pudo dar a la pregunta de si fueron censores o asesores es que la mayoría sólo fueron censores, estrechos, limitados, arribistas que aspiraban a llegar -como algunos lo hicieron- a los cargos dirigentes desde los que se repartían viajes, autos, casas, y todo tipo de prebendas, en fin… Lo que todos conocemos. Una de ella fue incluso, la secretaria del PCC del organismo, con enorme poder y muy mala leche.

Otros, los menos, eran lo que debían ser, asesores de estilo y colaboradores de escritores, actores y directores; y queridos por ello… Eso los marcó y les hizo la vida difícil.

Sólo para aclarar la duda de Juan Carlos, en mi experiencia personal, Román fue uno de esos y yo mismo tuve que defenderlo ante el comandante Serguera, porque a causa de una denuncia de la secretaria del PCC, asesora como él, y con alguna relación más “estrecha” entre ambos en algún tiempo, quería que lo votaran. No lo hicieron, quizá por mi intervención o por la de muchos otros, pero los fueron relegando a los más oscuros rincones de donde resultan la mayoría de esos grados académicos que hoy  Román presenta. Pues como, en la práctica, tenía poco o nada que hacer, se dedicó a estudiar.

Eso es lo que yo vi.  Pero eso no es lo único.

Conocí a un señor del DSE que apareció un día en el ICRT y al que todos nombraban con un seudónimo u otro. Mientras en el cuarto piso -y en toda la TV- era Coqui, en la Vibora era Bebe, Baby, o Bebo y llegó a tener más poder que el propio “Papito Serguera” o su jefe jerárquico (el de Coqui) Luís Pérez.

Un par de años después, en el piso 29 del FOCSA, en los apartamentos H y G se instaló una sección que dirigía el coronel Nicolás Sirgado repleta de “asesores” (todos con grados de oficial del Min Int) cuyo objetivos era “analizar los contenidos” no sólo de la radio y la TV, sino de las editoriales, la prensa, las canciones y todo aquello que se difundiera intelectualmente o artísticamente.  Dudo mucho que Juan Carlos Suárez supiera de la existencia de esta sección especial, pero estoy seguro de que es al resultado de su trabajo al que se refiere Suárez cuando habla del “veneno que se difunde por los medios” desde antes y más profesionalmente, desde esa época.

Allí se determinaba que obras o cuáles creadores eran actos para la difusión y cuáles no. Y, ¿quiénes les ayudaban desde afuera? ¿Ya olvidaron los miembros de la UNEAC – o ex miembros, como yo- el II y III Congreso de esa organización?  No recuerdan a un supuesto escritor policíaco que gano el Premio de Literatura del Min Int meses después de llegar como “interventor” a la UNEAC cuando la enfermedad de Nicolás Guillén lo inutilizó, según el Partido, y que se hacía llamar “Ulises o capitán Ulises”, según con quién hablara? Ya nos olvidamos de “David”, que convirtió al colaborador del DSE, el actor Sergio Corrieri, en miembro del Comité Central del PCC, en vicepresidente para la televisión y, finalmente, en presidente del Instituto de Amistad con los Pueblos (ICAP) una de las fachadas de la Inteligencia civil cubana…

Esos les ayudaban desde fuera a Sirgado y los suyos.  Ellos colocaron a una especialista con grado de capitan en el Registro de Autores con el seudónimo de ”Amadita”  y ella determinaba quién cobraba y quién no por derechos de autor.

Pero… y de esto también fuí testigo personal años después. “Coqui” -ya con grado de mayor y pasaporte diplomático- fue recibido por un oficial de la CIA en un país europeo neutral con toda su familia y hoy vive como testigo protegido en EEUU.

A varios de esos “censores” de Sirgado los he visto en la calles de Miami.  Incluso, uno de sus hijos trabajó a mi lado después de haberse quedado en un tercer país y llegar a éste, donde hoy -naturalmente- reside con la tranquilidad de cualquier ciudadano.  ¿Qué culpa tienen los hijos de lo que hagan sus padres?

Me parece estar viendo en este momento la sonrisa maliciosa del amigo Juan Carlos Suárez mientras piensa que a los hijos ”de papá”  les resulta muy fácil llegar a residir en EEUU aunque lleguen por un tercero, un cuarto o un quinto país”.  Sobre todo si recordamos que él llegó en balsa y estuvo “hospedado” en la base naval de Guántanamo.

Lo que quiero responder a la pregunta que dejé en el aire al principio es que no siempre la “pasión” ni la “sinceridad” son absolutamente la verdad… Porque queridos colegas, desde mi punto de vista no hay una verdad absoluta para ninguna situación en la que interactúen más de un ser humano…

Cada uno de ellos verá el mismo suceso en el cual participaron los dos, de una forma diferente, ya sea porque uno juzga sus propias intenciones -que nunca expuso al otro quien por lo tanto no las conoció- o porque se sintió ofendido por una acción o palabra que -según el otro- sólo fue para hacer más clara su posición, pero que tampoco dejó conocer a su interlocutor, o cuando lo hizo ya era demasiado tarde. Y, como resultado habrá sucedido un sólo echo, pero existirán, cuando menos, dos verdades… si no les da por comentar con alguien más, porque entonces no sólo puede haber más verdades, sino también echos muy difirentes al que originó el mal entendido.

Ciertos cubanos estamos absolutamente seguros de poseer LA UNICA verdad, pero somos -al menos once millones de nacionales- por qué no nos permitimos dudar una única vez de nosotros y aceptar que puede haber otro punto de vista para una realidad que nos parece conocer perfectamente. Por qué no darnos la oportunidad de escuchar o leer las verdades de algún otro cubano… Al fin y al cabo, tenemos el derecho de no aceptarla. Pero si nos cerramos, si nos negamos a escuchar la verdad de los otros, puede que estemos arrancando los mosaicos del piso, o las piezaas imprescindibles para armar un rompecabezas; en el primer caso, apenas nos perdemos la belleza (y ya eso es un gran mal para un artista); en el segundo, puede que nos estemos cerrando la puerta a conocer la realidad en toda la extensión de sus visiones múltiples y reales por lo tanto y, quizá, nos estaríamos negando la posibilidad de hacer una gran obra con  personajes vivos y antagónicos que defiendan con toda “su pasión” y su “sinceridad” su verdad ante una historia múltiple, larga y muy compleja, como la que nos ha tocado vivir en  el último medio siglo.

¿Usted qué opina?

R.A. San Martín

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Acerca de roalsam

Editor de América Latina - El Nuevo Herald Escritor y director de Radio y TV - ICRT, Cuba Dramaturgo - Instituto Superior de Arte, Cuba Director de TV, Instituto Cubano de Radio y TV Periodista, reportero y director para la radio y TV cubana Profesor de dramaturgia y dirección de radio y TV, Cuba
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