Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, con posturas diferentes desde el Festival de la Canción Varadero 70

La canción que están escuchando fue escrita, especialmente, para ser interpretada en El Festival de la Canción Varadero 70. Era la primera, y creo que la única vez, que Pablo Milanés y Silvio Rodríguez fueron invitados a presentarse en ese evento internacional. En el cual participaban, por esa breve época, importantes cantantes internacionales.
Era una época difícil que quiero recordar a los desmemoriados de hoy.
El Instituto Cubano de la Radio y la Televisión (ICR, primero y hoy ICRT) de entonces era muy contradictorio. Basada en la apreciación que tuviera quien lo dirigiera, de lo que estuviera o no, de acuerdo con la llamada “Ideología Revolucionaria”, se divulgaba, o no, una obra teatral, literaria en adaptación, o creación especial, para los medios de la Radio y la Televisión, o se añejaba hasta perderse como sucedió para desgracia de nuestra cultura en un incendio que (intencional o accidentalmente) destruyó placas y cintas con grabaciones originales de artistas de todas las épocas y que se usó para desaparecer la obra integra de algunos otros artistas vetados por esa época e incluso, años después del incendio. Recuerdo una circular que ordenaba a todas las emisoras de radio allá por 1986 destruir todas “las cintas, placas o discos que compilaran creaciones de Mike Pourcel”, firmada por Josefa Bracero, para entonces y -por muchos años- Jefa de la Dirección Nacional de Radio del ICRT.
Igual había sucedido antes, o sucedería luego, con algunos otros escritores, trovadores, directores, actores, etc. quienes durante muchos años no pudieron volver a ser escuchados o vistos en la Radio y Televisión de Cuba, porque fueron prohibidos por los censores.
Algunos han pretendido limitar estos trágicos sucesos a lo que han dado en llamar “El Quinquenio Gris”, cuyos principales gestores -afirman quienes eso dicen- fueron: el comandante y fiscal del Tribunal Revolucionario # 1, que tantas penas de muerte solicitó y logró en los primeros años de la llamada “Revolución del 59”, Jorge Serguera Riverí, presidente por muchos años del ICRT; y el teniente Luís Pavón -quien primero dirigiera la Revista Verde Olivo, Organo Oficial del Ejército Rebelde, entonces y hoy de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)- que fungía como presidente del Consejo Nacional de Cultura (CNC) a raíz del derrocamiento de Edith García Buchaca -quien no fue una dulce mecenas para los artistas- producto de la ofensiva del gobernante Fidel Castro contra quienes le hacían sombra políticamente a quienes acusó casi de Traición a la Patria por estar “al servicio de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en un proceso que él mismo nombró de “Lucha contra la Micro-fracción”, y por el cual fueron llevados a prisiones, o destierros, o condenas domiciliares, o terminaron desaparecidos, muchos que eran líderes comunistas y no comunistas históricos y, como “daños colaterales” otros que el tirano consideraba como posibles enemigos aunque nunca hubieran sido comunistas y quizá por lo mismo, fueron separados y alejados del poder jóvenes del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, periodistas de la revista Pensamiento Crítico, combatientes urbanos y guerrilleros del II Frente Nacional del Escambray, de la Organización Auténtica y del mismo Movimiento Revolucionario 26 de Julio.
Luego de toda esa limpieza, nació el Partido Comunista de Cuba, el 3 de octubre de 1965, con la significativa ausencia del argentino Ernesto Guevara de la Serna y de otros comandantes que habían ocupado cargos importantes dentro del Ejército de Occidente, como los jefes de divisiones Juan Vitalio Acuña Nuñez, Antonio Sánchez Díaz y Alberto Fernández Montes de Oca, y los también comandantes Jesús Suárez Gayol y Gustavo Machín Hoed de Beche, así como los capitanes Eliseo Reyes Rodríguez (San Luís) y José María Martínez Tamayo (Ricardo, Papi o el Chinchú) -ambos de los órganos de la Seguridad del Estado y destacados en múltiples misiones -Martínez Tamayo en Guatemala, Argentina, el Congo y otros países; mientras San Luís enfrentaba peligrosas operaciones con la guardia fronteriza y la contra inteligencia pinareña. Una cualidad tienen todos estos hombres -con distintas formaciones académicas, culturales y de nacionalidad (Suárez Gayol y Machín Hoed de Beche tenían progenitores españoles)- eran seres humanos de convicciones firmes y difíciles de manejar, como el propio Guevara de La Serna, y quizá por eso no integraron nunca las filas del Partido Comunista de Cuba y fueron enviados a una muerte segura en Bolivia.
¿Esta es la etapa que los desmemoriados llaman “El Quinquenio Gris”? … Yo no puedo contestar esa pregunta. Porque tendría que pasar por alto a los Armando Quezada (un malísimo actor que creo tuvo una única presentación como tal en La Zorra y Las Uvas, con una brigada provincial de teatro y de donde pasó a ser Jefe de la Dirección de Teatro del CNC) y al funcionario Nivaldo Herrera (quien pasó de no saber nada de la radio y la televisión, a presidir el ICRT, por obra y gracia del gobernante del país). Habría que recordar a muchos como ellos, antes y después del llamado quinquenio. Algunas de cuyas víctimas, se convirtieron en victimarios -preguntarle a Miguel Barnet. Lo que si puedo afirmar es que ya, desde antes, desde el Primer Llamado del Servicio Militar Obligatorio (SMO), en 1963, existía una marcada persecusión contra los intelectuales, religiosos, profesionales y los artistas en general.
En 1963 nacen las Unidades Militares de Ayuda a la Producción a cuyos campos son enviados como prisioneros para su exterminio o para ser doblegados, las primeras víctimas notorias a las que el régimen, además, intenta desprestigiar afirmando -en una campaña de rumores- que todos los integrantes de la UMAP eran homosexuales. La campaña no cala en el pueblo y una prueba de ello es la afirmación del teniente Ginarte, jefe de las unidades de la UMAP en Camagüey quien dijo en el campamento de Ciego de Avila: “Si estos maricones hubieran estado en el Ejército Rebelde, Batista no dura dos días porque tienen más cojones que yo”. Lo cual demuestra que la valentía es una cualidad personal y nada tiene que ver con las preferencias sexuales de una persona; pero habla también de cómo el gobierno castrista ha intentado desde siempre atacar a sus oponentes sin reparar en bajezas de ninguna clase.
En esos campos de concentración -que no otra cosa eran los campamentos de la UMAP- fueron torturados, incluso hasta la muerte, numerosos religiosos de una u otra denominación, pero marcadamente quienes integraban a Los Testigos de Jehova.
Allí fueron sometidos el hoy cardenal de Cuba, Jaime Ortega y Alamino, y su ayudante personal el hoy obispo, Alfredo Petit Vergel, entre otros curas y laicos pertenecientes a la Iglesia Católica Apostólica y Romana, de Cuba.
Entre otros muchos artistas, allí sufrió las penalidades que le tocaron el trovador bayamés, Pablo Milanés. Y allí, aprendió lo que aprendió, este artista negro, oriental y de raíces muy humildes que años más tarde brillaría en el mundo por sus canciones y melodías que no pueden, como ninguna obra cultural, separarse de las experiencias del hombre que las creó, ni de su historia personal.
Ese artista llega con un amigo al Festival Internacional de Varadero en 1970, Silvio Rodríguez Domínguez. Un recluta del primer llamado del SMO (como Pablo) en 1963, pero que lo cumple dentro del Ejército de Occidente. En el campamento militar de Managüa, Rodríguez, quien había sido dibujante de la Revista Mella de la juventud comunista, conoce a Estaban Baños y, con su ayuda, aprende las primeras notas en la guitarra.
Silvio participa con sus primeras canciones en los Concursos de las FAR, como aficionado. Y, al terminar el SMO. Conoce a algunas personas en el ICRT e (impulsado por funcionarios de la Sección Política de las FAR) se crea para él un programa que lleva el nombre de una de sus canciones, que ya ha sido popularizada en la radio primero por Elena Burke: “Mientras tanto”. El programa dura poco más de un año y es definitivamente sacado del aire porque sus canciones “son complicadas”, según algunos dirigentes y “conflictivas” según otros.
Lo cierto es que, quien luego será la voz de la “Revolución” junto a Pablo, también recibe un castigo. Primero es enviado a un campamento de cortadores de caña, donde también estarán Vicente Feliú y Noel Nicola, y más tarde en una suerte de “vacaciones obligatorias” a una gira pesquera por los mares de Africa del Sur, en el barco Playa Girón.
El trovador aprende su lección en los meses que dura la jornada y regresa a Cuba. En sus primeros tres conciertos en la Sala Teatro Hubert de Blank, del grupo Teatro Estudio, estrena muchas de las canciones creadas en esos meses de “aprendizaje”… Pero sigue siendo un hombre preocupante, porque quienes llenan la sala una y otra noche, no son los ejemplares jóvenes comunistas, como espera el gobierno, sino unos “raros especímenes de pelos largos y pantalones estrechos” que -según los ideólogos castristas- se presentan con “la parafernalia del enemigo”.
Entre una mezcla de ostracismo y divulgación boca a boca y cinta a cinta, ambos artistas logran la popularidad nacional, no sin la ayuda de Aidé Santamaría, por la Casa de Las Américas, que ha creado el Centro de la Canción Protesta bajo la dirección de la agente de la Inteligencia cubana Esthela Bravo, ciudadana norteamericana; y de Alfredo Guevara, presidente del ICAIC.
Así llegan ambos a 1970. Varadero. Festival Internacional. Y, cada uno, con una canción escrita especialmente para el caso pues las estrenan allí.
Por estos días, en que tanto lugar han ocupado en la prensa internacional estas dos figuras de la llamada Nueva Trova Cubana, yo he querido llevar a mis amigos lectores 41 años atrás. Hasta ese estreno en 1970 de estas dos obras donde cada uno muestra ya, para ese entonces, cómo se veían a sí mismos dentro del proceso político nacional que termina marcándolos en la posición que finalmente cada cual ha elegido.
Les pido,entonces, que escojan quién es hoy más consecuente con lo dicho esa noche con la obra que presentaron en la Televisión Cubana cuando estuvieron en ella juntos por primera vez.

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Acerca de roalsam

Editor de América Latina - El Nuevo Herald Escritor y director de Radio y TV - ICRT, Cuba Dramaturgo - Instituto Superior de Arte, Cuba Director de TV, Instituto Cubano de Radio y TV Periodista, reportero y director para la radio y TV cubana Profesor de dramaturgia y dirección de radio y TV, Cuba
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