Se rompe el viejo puente entre las dos orillas, pero quedan sus pilares en la Tierra

R.A. SAN MARTIN

Era un puente humano extendido tratando de tocas el borde de dos tierras sin que su  corazón latiera con intensidad desigual en cada uno de los extremos.

Trataba de no convertirse en un ser político para no perder su “humanidad divina”.

Y los milagros que hacía de esa manera simple, sencilla hasta casi la desaparición, fueron quedando uno tras tan a la vista que ahora parece que siempre hubieran estado en esos sitios y que nada hubiera cambiado desde el principio de los tiempos.

Yo lo conocí, como a muchas otras personas muy valiosas, a través de la Radio Martí, lo escuchada en mi casa primero o en una celda luego -a travás de una radio de galena fabricada por un amigo preso. Generalmente estaba en el programa que guiaba el padre Francisco Santana o, hacía ciertas apariciones durante el show del sicólogo Roberto Avalos.  Escuchánlos me dije que yo tendría que conocer a esos hombres y que sería lo primero que haría si algún día tuviera que llegar a Miami.

Todavía tenía esperanzas de poder permanecer en Cuba al fin de mi sentencia. Ni siquiera se habían puesto de moda los destierros para esa fecha. Pero los jefes militares de la Junta que manda en el país, ya habían decido sobre mí. Y una tarde que se antoja la más bella de mi vida me reunía con tres de mis hermanos ya liberados y con mi madre también recién liberada y a bordo de un viejo y destartalado toyota, cumplí mi promesa.

Lo primer0 que me soprendió al salir del antiguo auto que manejaba mi hermano pequeño, fue la impresión de no haber salido de Cuba, pero algo había distinto. Frente a mi La Hermita (La Pequeña), detrás un mar por donde se me antojaba que podría ver La Habana -de la que había sido expulsado para siempre- y luego, caminando hacia mi -o yo hacia él- elpadre Francisco Santana, flaco débil, dulce, sonriente.

Un abrazo que dura eternamente, bendiciones a mi esposa y e hijos, mientras caminamos hacia una oficinita al costado del centro.

Y entonce choqué con la medida real de la grandeza. Aquel gigante que había organizado esfuerzos para evitar la muerte de centenares de personas en una cárcel de EEUU, que había logrado sacar secretamente a ciertas personas que la Junta Militar prefería muertras, que había tejido como una araña madre  la red mediante la cual salían, se editaban y se distribuían en el extranjero las publicaciones que le daban voz a la oposición; aquel que hizo llegar hasta la más oscura celda cubana, la medicina necesaria para salvar miles de vidas -junto a su auxiliar Santana- no medían juntos dos metros de ancho, ni dos y medio de altura.

Entonces entendí, finalmente, la medida del valor.   Porque es el hombre la medida del valor y del miedo de la grandeza y de la infamia. Todo está en cada uno de nosotros.

Y ahora, que lo sabemos, nos toca decidir si actuar o mirar como matan, o atacan o, golpean, a nuestros  hermanos desde la seguridad de nuestro refugio.

Más, permítante citar a mi amigo Roberto Avalos, dentro de este contexto. Todo es questión de hacer lo nuestro (por pequeño que nos parezca) o de no hacer nada.  No olviden ‘Los perdedores dejan que las cosas pasen. LOS VENCEDORES HACEN QUE LAS COSAS PACEN’

Si nos limitamos a la noticia puede ser un pequeño párrafo que diga:

Monseñor Agustín Román, el padre espiritual que podía unir al exilio  cubano más allá de las diferencias políticas y generacionales, murió el miércoles de un paro cardíaco en Miami. Tenía 83 años.

Esa es la noticia pero lo importante, lo que hacía de este “pequeño hombrecito de Dios” un gigante, también está en la noticia: el era el padre espiritual que podía unir al exilio  cubano más allá de las diferencias políticas y generacionales.

El era el puente que unía las dos orillas, “se pompió el viejo puente”, “pero quedan sus pilares en la Tierra“. En la práctica todo está igual.

A Cuba no le hacen falta héroes, ni caudillos, ni guías. los países lo son cuando están poblados por ciudadanos: personas que habitan en un Estado como sujeto de derechos civiles y políticos y donde todos sean iguales ante la ley.

Cuando los ciudadanos reconocen se esencia como SOBERANOS nadie puede oprimirlos. La libertad les llega porque la buscan al saberla su única manera natural de existir. Los Líderes, los cacique, los tiranos: mueren. La nación es inmortal y mientras ellos se disminuyen ella crece. Nos lo vienen enseñado desde Varela hasta Román.

Román dejó los pilares en la Tierra.  ¿Seremos capaces de seguirlos usando hasta rehacer el puente que ahogara a

LA FOTO, tomada hace dos días, parace ser un mensaje de guía a los cubanos.

LA FOTO, tomada dos días atrás, parece ser un mensaje de guía a los cubanos.
Monseñor coloca un ramo de flores antes el monumento a uno de los fundadores de la Nación Cubana, Félix Varela, a quien le tocó igualmente vivir en el exilio.

la Junta Militar de la tranía?

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Acerca de roalsam

Editor de América Latina - El Nuevo Herald Escritor y director de Radio y TV - ICRT, Cuba Dramaturgo - Instituto Superior de Arte, Cuba Director de TV, Instituto Cubano de Radio y TV Periodista, reportero y director para la radio y TV cubana Profesor de dramaturgia y dirección de radio y TV, Cuba
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